Controle de constitucionalidade na França

[Nota: na França não há uma corte constitucional no poder judiciário, mas um conselho constitucional ligado ao poder legislativo]

Las lógicas institucionales de la Constitución

Fonte: Ministério dos Assuntos Estrangeiros e Europeus da França

El Consejo Constitucional

Hasta 1958 no existía en Francia un control de constitucionalidad de la leyes. La idea misma de control, contraria a la tradición de soberanía de la ley, era ajena a la concepción republicana de las instituciones. Si logró imponerse progresivamente, fue a favor de la oportunidad de la creación del Consejo Constitucional, órgano creado inicialmente para controlar que el Parlamento no sobrepasase el ámbito de sus atribuciones (a semejanza del Senado que bajo los imperios napoleónicos controlaba la constitucionalidad de las leyes votadas por el cuerpo legislativo), y a favor también de la progresiva emancipación de dicha instancia, cuya evolución, aunque más rápida, recuerda la del Consejo de Estado: también éste, formado en un principio por juristas, asesores legales del ejecutivo, se fue transformando progresivamente en órgano jurisdiccional y fue asentando su independencia a través del desarrollo del control de legalidad de los actos administrativos. Dicho control se amplió en lo referente a los «principios generales del derecho», establecidos de forma pretoriana por la jurisprudencia del Consejo de Estado a partir de 1913 (fallo Roubeau), y experimentó en las décadas de la posguerra, y hasta los primeros años de la V República, un considerable desarrollo.

Los primeros años del Consejo Constitucional -que coinciden con la presidencia de Charles de Gaulle- estuvieron marcados por una gran discreción y el sometimiento del Consejo a la visión gaullista de las instituciones: control de las veleidades independentistas de las Asambleas mediante una estricta censura de sus reglamentos, pasivo silencio ante la utilización extensiva del artículo 16 (más allá de su necesaria duración) o ante la utilización del artículo 11 para la reforma constitucional de 1962. Hubo que esperar hasta la presidencia de Pompidou para que se produjese la emancipación, marcada por el dictamen -jurídica y políticamente capital- del 16 de julio de 1971, que censuraba una ley de origen gubernamental que limitaba la libertad de asociación mediante el control previo de la autoridad administrativa en el momento de su constitución. Este dictamen, que suponía en realidad una censura al gobierno sobre un tema simbólico, se basaba en una concepción extensa de la Constitución que integraba su Preámbulo en el derecho constitucional positivo.

De este modo el Consejo se dotaba de medios más amplios de control de constitucionalidad, apoyándose en un conjunto de principios extraídos la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 y del Preámbulo a la Constitución de 1946, especialmente los «principios fundamentales reconocidos por las leyes de la República» recogidos en el Preámbulo, adaptación de los «principios generales del derecho» elaborados por el Consejo de Estado.

Esta evolución se vio reforzada por la reforma constitucional de 1974 que, al abrir la facultad de consulta a los parlamentarios, y por lo tanto a la oposición, hizo sistemáticos los dictámenes del Consejo, convirtiéndolo en una instancia de apelación contra la legislación elaborada por la mayoría y transfiriendo la batalla política al terreno del derecho. Sin duda se trataba de una arriesgada deriva para el Consejo Constitucional, pero éste, aun sacando partido de su creciente poder para afirmarse como moderador de la vida política, forzando a los sucesivos gobiernos, especialmente durante las alternancias de los años ochenta, a respetar los principios juridicopolíticos constitucionales (por ejemplo durante la polémica sobre las nacionalizaciones o privatizaciones de los años 1981-1988), supo al mismo tiempo ser capaz de evitar convertirse en una «tercera cámara», zanjando los conflictos políticos entre la mayoría y la oposición.

Artigos

Sergio Miranda Amaral
advogado, procurador do Município aposentado

(…)

2. Em certos países, entretanto, em lugar de um controle jurisdicional, existe o exercido por órgãos que se podem chamar políticos, mas não judiciários. Usualmente, nesses sistemas, o controle ao invés de ser posterior à elaboração e promulgação da lei, é preventivo, vale dizer, ocorre antes que a norma entre em vigor, e, às vezes, se trata ainda de um controle com função simplesmente consultiva, isto é, a função de um mero parecer, não dotado de força definitivamente vinculatória para os órgãos legislativos e governamentais.

(…)

6. (…)

Consigne-se que as decisões do Conselho Constitucional devem se publicadas pela imprensa oficial, não sendo suscetíveis de qualquer recurso e são vinculantes para o conjunto dos poderes públicos, possuindo a autoridade de coisa julgada. Entretanto, nos primeiros anos de sua existência, consciente da inovação radical que representava na França a instituição de um controle de constitucionalidade das leis, o Conselho deu provas de grande prudência, interpretando restritivamente as competências que lhe eram atribuídas. É assim que, em 1962, acionado pelo Presidente do Senado, declarou-se incompetente para controlar a constitucionalidade de lei instituindo a eleição do Presidente da República, pelo sufrágio universal direto, porque essa lei havia sido votada por via referendária e não pela parlamentar.

7.Com relação à resistência dos franceses à idéia da adoção do sistema do controle judicial das leis, admite a doutrina moderna que o fato derivou do seguinte:

a) Do entendimento dado à teoria da separação dos poderes, não se admitindo que órgãos estranhos à função legislativa, os tribunais, venham a apreciar a validade das leis;

(…)

8. Anota nossa doutrina que, durante muito tempo, o Conselho se limitou a uma constatação estrita da conformidade ou não conformidade de uma lei à Constituição: no primeiro caso, a lei podia ser imediatamente promulgada; no segundo, o Órgão apreciava se as disposições declaradas inconstitucionais eram ou não separáveis do conjunto; se o eram, o restante poderia ser promulgado e se elas não o eram, o texto inteiro devia ser reexaminado pelo Parlamento.

Essas duas formas de decisão continuam evidentemente possíveis, mas de uns anos a esta parte acrescentou-se uma terceira forma, que é a declaração de conformidade sob reserva de estrita interpretação. Esta técnica consiste em admitir a constitucionalidade de uma disposição, indicando como deverá ser interpretada. Algumas declarações de não conformidade à Constituição indicam ao legislador as modificações que deve trazer ao texto para torná-lo compatível com a Carta Política. Assim sendo, é permissível concluir que o Conselho Constitucional francês está fazendo com que o controle de constitucionalidade evolua em direção a guiar a ação do legislador.

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